
En la actualidad una bruma grisácea rodea la realidad pandémica que sobrellevamos y nos adentra a los constantes cuestionamientos y miedos que provocan las nuevas normalidades. Entre estos nuevos requisitos indispensables de supervivencia, nos encontramos con uno de los más antiguos y enigmáticos que ayudó a preservar culturas, tradiciones y sociedades.
El cubre bocas es cuestionado en su funcionalidad conforme a las nuevas declaraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre su uso y eficiencia, pero la historia y la cultura oriental tienen mucho que argumentar al respecto. Es aquí donde el occidente y oriente sufren una catálisis contradictoria, así las pruebas y resultados hablan por sí mismos. Conozcamos entonces al amigo cubre bocas.
El legado
El pariente lejano occidental más cercano al cubre bocas que conocemos destaca por su tenebrosa apariencia. Se le relaciona inminentemente a la muerte, la podredumbre y la escasa higiene que ocasionó la muerte de aproximadamente un tercio de la población en el siglo XIV. Esta máscara fue diseñada para cubrir el rostro en su totalidad, con un alargado pico para almacenar hierbas aromáticas con la finalidad de evitar inhalar el aire que se consideraba contaminado, acompañado de una larga túnica hasta el suelo y botas. Es así como se podría describir el atuendo de los médicos de primera y segunda línea que combatieron la Peste Bubónica. Dicho atuendo (que muchos consideran) escalofriante se convirtió en sinónimo de muerte.

En la cultura occidental, este representa el primer vestigio de medicina moderna que hoy identificamos y que resulta efectivo para determinar la necesidad de protegernos ante patógenos nuevos y desconocidos. En tales tiempos oscuros, la luz tomó forma de respuesta al estudiar y analizar la información, cuando Michel de Notre Dame (1503-1556), mejor conocido como Nostradamus, enfatizó en la prevención de cualquier mal: la higiene. De acuerdo con su estudio, dictaminó que el agua debía hervirse antes de consumirse o utilizarse, cosa que motivó la higiene personal y al desecho adecuado de las defecaciones.
La protección corporal, la intuitiva noción del aire contaminado y la necesidad de establecer reglas de higiene iniciaron el largo camino hacia la medicina moderna.
El flush
Las gotitas de Flügge (pronunciadas continuamente como flush) fueron descritas en la década de 1890 por el bacteriólogo e higienista alemán Carl Georg Friedrich Wilhelm Flügge (1847-1923), quien demostró que incluso durante el “habla tranquila” se rocían gotitas en el aire en minutos. Este hallazgo fue fundamental para que Jan MikuliczRadecki (1850-1905) promocionara el uso quirúrgico de máscaras de gasa en 1897, y para que en 1996 los Centers for Diseases Control and Prevention de Estados Unidos revisaran sus normas de aislamiento.
Las partículas de saliva pueden contener en ellas agentes patógenos que se mantienen suspendidos en el medio hasta por 30 minutos. Este descubrimiento confirmó las teorías sobre propagación de bacterias y virus por medio del aire, revolucionando los sistemas sanitarios y la implementación del cubre bocas de forma obligatoria.
El deber ser

Con la motivación de médicos, investigadores y enfermeras, el uso de cubre bocas y mascarillas pasó de ser espontaneo a una necesidad. Paul Berger, Joham von Mikuliz—Radecki, Alice Hamilton y muchos otros, inculcaron el uso de mascarillas y cubre bocas hasta su obligatoriedad en 1926 cuando se implementó el uso de cubre bocas en quirófanos.
Pese a diversos retractores que alegaban la ridiculez de lo establecido: “¿La boca de un médico una fuente de enfermedades? ¡Ridículo!” como expresó Ludwing Pfeffier, “yo nunca he usado una máscara y ciertamente jamás lo haré”. Aun así, en 1918 se reportó que el uso de cubre bocas redujo las complicaciones de la difteria.
Aunque el descubrimiento de los antibióticos dejó en segundo plano estos descubrimientos y el diseño e innovación de los cubre bocas, en 1961 el investigador M. Musselman creó la primera mascarilla desechable.
Y si es tan importante… ¿Por qué no lo utilizan?
Un mundo globalizado de noticias y declaraciones rápidas es peligroso. En medio de esta pandemia, la OMS ha sido traicionada por su buena intención, con millones de personas confundidas y desconfiadas ante la correcta respuesta frente al COVID19. A principios de agosto nos encontramos con una declaración que dejó sorprendida a la comunidad científica: “no es indispensable el uso de cubre bocas sin la presencia de síntomas”, acompañado de declaraciones distorsionadas del Dr. Lopez-Gatell al afirmar que “el uso del cubre bocas puede reducir la confianza entre las personas”. Ahora agreguemos a la mezcla algunas de las desventajas del uso prolongado de filtros N95 (muy diferentes a los cubre bocas desechables y convencionales) y obtendrás confusión, paranoia y un sentido fuerte de rebeldía.
El Dr. Mario Molina se pronunció a favor del uso de mascarillas y recomienda su uso general para actividades fuera del hogar. Así como el biólogo molecular, el Dr. Sui Huang ha dado respuesta a las recomendaciones de la OMS recalcando que son ineficientes ante epidemias (y pandemias) de índole respiratoria.
La cultura del cubre bocas

Japón tiene una norma de etiqueta muy peculiar desde aproximadamente 100 años: cualquier persona enferma o con síntomas, deberá usar un cubre bocas a modo de cortesía.
Existe una discrepancia notoria entre la respuesta inmediata oriental y occidental. Más que la eficiencia de nuestros gobernantes y el alcance tecnológico, sufrimos de una cultura de sociedad, algo que hace relucir a países orientales como Japón. Esta cultura de sociedad es parte de entender (cuestionar y razonar) los efectos negativos y positivos de nuestras decisiones como seres sociales (no enteramente individuales).
Tal perspectiva cultural y los resultados ante las decisiones tomadas hablan por sí mismos, y eso es lo que nos explica el Dr. Sui Huang:
““La recomendación oficial en Estados Unidos (y otros países occidentales) de que el público no debe usar mascarillas fue motivada por la necesidad de guardarlas para los trabajadores sanitarios. No hay respaldo científico para la afirmación ‘no son efectivas” (Institute for Systems Biology, 2020).
Enfatiza en la protección bidireccional que representa el uso adecuado del cubre bocas “te proteges a ti mismo y a los otros”.
Las medidas de higiene y salubridad que se tomaron en 1918 por la epidemia de gripe española dejaron fuertes y sólidos cimientos que transformaron el estilo de vida nipón, incluyendo la moda. Kenichi Ohmi y Akihito Suzuki realizaron un estudio sobre las medidas tomadas por el gobierno japonés en la pandemia de la gripe aviar española en el que se resalta que fueron bastante proactivas por parte del gobierno y que invitaban a las personas a cuidarse tomando diversas precauciones, incluyendo usar cubre bocas.
Los riesgos reales

Recientemente se han confundido las desventajas de utilizar cubre bocas comunes con los mencionados N95. Con estructuras, materiales y usos diferentes no es de sorprenderse que estemos más alejados de la realidad misma.
Mientras que las mascarillas N95 poseen filtros de calidad en nanómetros que durante jornadas prolongadas causa la acumulación de dióxido de carbono (CO2) y dificultades para respirar, las mascarillas reutilizables (o ecológicas) y las desechables no representan un riesgo total para nuestra salud, aunque pueden traer consigo otros inconvenientes:
- Dermatitis de contacto
- Alergias.
- Acné o aparición de puntos negros y espinillas.
- Sudoración excesiva.
Todos los puntos anteriores pueden evitarse siguiendo rutinas de higiene (facial) y el lavado diario de nuestras mascarillas. Mostremos lo mejor de nosotros en momentos difíciles.
Por Laura W.
Bibliografía:
PR Newswire (2020). Molecular Biologist Dr. Sui Huang: We Should All Be Wearing Masks. URL: https://finance.yahoo.com (Fecha de revisión: 17/07/2020).
Murillo-Godinez, Guillermo (2009). Las gotitas de Flügge. Unidad de Cuidados Intensivos del Adulto, Hospital General Regional: Querétaro, México.
Salas, Marco (2020). Así nació el cubre bocas. URL: www.elheraldo.com (FR: 20/07/2020).
Jonhston, Eric (2019). A century later, Spanish flu pandemic still holds valuable lessons for Japanese and global health experts. URL: www.japantime.com (FR: 27/07/2020).
Laura W. 12300148lvfc@gmail.com
























